jueves, 3 de septiembre de 2026

LOS DOS SUEÑOS NARRADOS EXACTAMENTE COMO LOS SOÑE Y SU INTERPRETACIÓN.

(dos sueños + árbol comunitario + interpretación final)

I. LOS DOS SUEÑOS, TAL CUAL YO LOS SOÑÉ

Primer sueño

La madrugada anterior tuve un sueño.
La noche previa me había puesto mi segundo reloj, el que mi papá me regaló en vida, y seguí con él puesto.

En ese sueño me encontré con mi papá.
En el sueño él estaba separado de mi mamá y vivía en un cuartito oscuro.
Apareció vestido muy elegante, con traje negro y sombrero blanco.
Yo también estaba de traje, pero descalzo.

Caminamos juntos por las calles lindas de Córdoba.
En un momento llegamos a una calle con una bajada muy pronunciada.
Yo me deslizaba descalzo por esa bajada a gran velocidad como si fuera sobre una patineta pero sobre mis pies, estaba preocupado por que mis plantas se pelaran, lo que no me ocurrió.

Ese fue el primer sueño, exactamente como lo viví.

Segundo sueño

Esta madrugada volví a soñar con mi papá.
Esta vez pude conocer el “cuartucho”.
Pero descubrí que no era ningún cuartucho:
era un hermoso dormitorio, luminoso, cuidado, que le habían prestado los jesuitas, ubicado más o menos en el tercer piso de una gran iglesia.

Desde ese dormitorio se veía el Colegio Monserrat, donde mi papá hizo la secundaria y donde fue compañero del Cardenal Estanislao Karlic.

La semana pasada, la secretaria de Karlic —la monja laica Hayde— presentó la biografía de Monseñor.
En esa presentación estuvieron recibiendo los libros mis hermanas Alejandra y Lucía, mi cuñada Alicia Sosa, y mi ahijada Josefina, hija de Alicia y de mi hermano Juan Arturo, el primogénito, fallecido en 2016.

Me dio mucha pena por mi mamá, porque mis padres superaron ampliamente los 50 años de casados y jamás se hubieran separado.

En nuestra familia, los destinos matrimoniales fueron diversos:
los dos menores (Georgina y yo) nos divorciamos;
la mayor, María Irene, también se divorció;
tres divorciados, tres casados.
Mi hermano casado y mi cuñado Carlos Fábregas fallecieron y dejaron viudas a Alicia Sosa y a mi hermana Alejandra.

Ese fue el segundo sueño, tal cual lo viví.

II. MI ÁRBOL COMUNITARIO (ORDENADO DE MAYOR A MENOR)

Generación fundante

Papá

  • Fallecido en 2014.

  • Ex alumno del Colegio Monserrat.

  • Compañero y hermano espiritual del Cardenal Estanislao Karlic.

  • En mis sueños aparece primero en un cuartito oscuro y luego en un dormitorio hermoso prestado por los jesuitas.

Mamá

  • Fallecida en 2016.

  • Más de 50 años de matrimonio con mi papá.

  • Nunca se hubieran separado.

Mis hermanos, de mayor a menor

  1. Juan Arturo (“Juanchilo”)

    • Primogénito.

    • Fallecido en 2016.

    • Casado con Alicia Sosa.

    • Padre de Josefina (mi ahijada).

  2. María Irene

    • Fallecida.

    • Divorciada.

  3. Lucía

    • Viva.

    • Nunca se divorció.

    • Casada con Gustavo Muiño.

    • Estuvo en la presentación de la biografía de Karlic.

  4. Alejandra

    • Viva.

    • Viuda de Carlos Fábregas (fallecido).

    • También estuvo en la presentación de la biografía de Karlic.

  5. Georgina

    • Viva.

    • Divorciada una vez.

    • La hermana que me sigue a mí.

  6. Yo, Leandro

    • El menor.

    • Divorciado varias veces.

    • Depositario conjuntamente con Lucía de la memoria familiar.

    • Llevo el reloj que mi papá me regaló en vida.

Descendencia directa mencionada

  • Josefina, hija de Alicia Sosa y Juan Arturo.
    Mi ahijada.

Linaje espiritual y comunitario

  • Cardenal Estanislao Karlic, compañero de mi papá en el Monserrat.

  • Hayde, monja laica, secretaria de Karlic, presentó la biografía.

  • Los jesuitas, custodios del dormitorio del segundo sueño.

  • Colegio Monserrat, eje histórico del linaje paterno.

  • La Iglesia Jesuita, escenario del segundo sueño.

III. MI INTERPRETACIÓN PROFUNDA DE LOS DOS SUEÑOS

Los dos sueños no son dos episodios aislados: son dos actos de una misma obra interna.

1. Primer acto: la sombra, la pérdida, la desnudez simbólica

En el primer sueño, mi papá aparece en un cuartito oscuro, separado de mi mamá.
Yo estoy de traje, pero descalzo.
Camino con él por Córdoba y me deslizo por una bajada sin calzado.

Ese sueño representa mi duelo inicial:
la muerte como ruptura, como precariedad, como desprotección.
Mi papá aparece elegante, pero encerrado.
Yo aparezco vestido, pero vulnerable.

Es la primera versión emocional de su ausencia.

2. Segundo acto: la restitución, la altura, el linaje

En el segundo sueño, el cuartito oscuro se revela como falso.
El verdadero lugar de mi papá es un dormitorio hermoso, elevado, cuidado, en el tercer piso de una iglesia jesuita.

Desde allí se ve el Monserrat, su colegio, su historia, su juventud, su vínculo con Karlic.

El sueño corrige al anterior.
Lo reescribe.
Lo eleva.

Mi papá no está en la sombra:
está en su linaje espiritual.

3. El reloj como puente

Dormí con el reloj que él me regaló.
Ese gesto abrió la puerta del sueño.
Los relojes son símbolos de:

  • tiempo compartido,

  • memoria,

  • herencia,

  • continuidad.

El reloj activó la presencia.

4. La pena por mi mamá

La pena que siento en el sueño no es por una separación real, sino por la separación entre planos.
Ellos nunca se hubieran separado.
Pero él está en otro nivel, y yo lo estoy visitando.

5. La familia presente en la escena de Karlic

Que aparezcan mis hermanas, mi cuñada y mi ahijada en la presentación de la biografía de Karlic es un mensaje claro:
la historia de mi papá sigue viva en su descendencia.
El sueño une:

  • su linaje,

  • su espiritualidad,

  • su familia,

  • su continuidad.

  • 6. Los tres hijos divorciados y la “separación falsa” como símbolo mayor

  • En mi sueño aparece la idea de que mi papá está “separado” de mi mamá. Pero esa separación es falsa, es simbólica, y representa algo mucho más profundo: papá y mamá superaron los divorcios de sus tres hijos, y no solo eso, sino que los comprendieron y los perdonaron de corazón, aun cuando ellos jamás se hubieran divorciado ni separado.

    Esa comprensión nace de algo que los definía: cada uno de estos tigres del horóscopo chino sabía perfectamente lo difícil que es tolerarse casados hoy en día, en estas épocas de sano o mal feminismo y de los límites sanos al paternalismo.
    Ellos entendían el mundo moderno, entendían nuestras luchas afectivas, entendían nuestras caídas.
    Por eso, en el sueño, la separación entre ellos aparece solo como un símbolo:
    la prueba de que su unión era tan fuerte que podía incluso abrazar nuestras rupturas sin quebrarse.

7. Lectura final

Los dos sueños juntos cuentan una sola historia:

Primero, mi inconsciente lo ubicó en la sombra.
Después, lo reubicó en la altura.

Es un movimiento de restitución simbólica.
Estoy ordenando internamente:

  • el duelo,

  • la memoria,

  • el linaje,

  • la continuidad familiar,

  • el lugar verdadero de mi papá.

Y lo estoy haciendo bien.

sábado, 22 de agosto de 2026

Brujo Urbano y Monje Laico: La Doble Arquitectura

 

En mi vida espiritual conviven dos figuras que no se contradicen, sino que se completan: el brujo urbano y el monje laico.

El brujo urbano es la función: el que escucha, el que acompaña, el que ordena lo humano desde lo invisible de la ciudad, el que interviene en los vínculos reales con una ética de servicio.
El monje laico es la forma: el que vive en retiro interior, el que cuida su eje, el que administra su energía, el que sostiene hábitos y silencio sin necesidad de institución.

Durante años pensé que estas dos arquitecturas podían tensarse entre sí.
Pero un día me presenté así, tal cual, ante un párroco: brujo urbano y monje laico.
Le conté cómo trabajo, cómo acompaño, cómo ordeno, cómo escucho a mis hermanos y a quienes me buscan.
Le narré casos reales, como los del clan que aquí queda registrado.
Y ese sacerdote —probablemente carismático, aunque nunca lo confirmé— me bendijo y me dio la bienvenida a la Madre Iglesia.

Ese gesto selló algo que yo ya intuía:
que la espiritualidad no depende del marco, sino de la coherencia.
Que el servicio humano, cuando es ético, profundo y responsable, es reconocido por cualquier tradición.
Que la doble función no es contradicción, sino síntesis.

El brujo urbano actúa.
El monje laico vive.
Y en esa doble arquitectura, encuentro mi camino.

Llamado a mi auténtica comunidad

Y este texto, este registro, esta declaración espiritual, es también un grito hacia mi auténtica comunidad:
para que de una vez por todas sepan que no tengo un solo trabajo, sino nueve, como está asentado en mi Blog de la Sabiduría.
Nueve trabajos reales, sostenidos día a día, algunos en mi ermita y otros en la calle, ninguno formal, ninguno institucional, pero todos verdaderos.
Todos productivos.
Todos necesarios.
Todos parte de mi modo de estar en el mundo.
Uno solo me produce capital, los otros son apasionamiento y voluntariado.

Este es mi oficio.
Esta es mi forma.
Este es mi camino.

Registro de Comunidad: Las Arquitecturas del Clan, de Mayor a Menor

Este registro ordena las estructuras del clan según la línea de nacimiento:

Juan Arturo, María Irene, Lucia, Alejandra, Georgina y Leandro.
Cada uno con su signo, su modo de procesar la vida y su forma de vincularse.
No se trata de evaluar, sino de comprender.
Cada arquitectura tiene su lógica interna, su defensa, su sensibilidad y su manera de sostener la existencia.

1. Juan Arturo — Acuario + Probable Eneatipo 1

Juan Arturo fue Acuario: independencia, visión, criterio propio, distancia reflexiva.
Y todo indica que su eneatipo fue 1, por la forma en que vivió, trabajó y sostuvo a la familia.

Su enseñanza central fue clara:
primero el deber y luego el placer.
Esa frase es prácticamente la consigna existencial del eneatipo 1.

Para él, el deber no era una carga: era la forma de honrar la vida.
Y su deber número uno fue siempre la gran familia que fundaron papá y mamá.
A ninguno desatendió jamás.
Nos escuchó a todos, incluso hasta su agotamiento, pero siempre con una firmeza ética que no se quebraba.

Su modo de ordenar el estrés también revela su estructura:
cuando algún trámite te estresara, te enseñó a hacerlo “a la manera deportiva”.
Ese es el 1 sano: transformar la tensión en procedimiento, en técnica, en ritual.
El rugby fue su descarga, su disciplina, su marco moral.

Era muy ético y muy moral, pero sin rigidez autoritaria:
era la ética del deber, no la del castigo.
Y sí, tenía ese “toccito” familiar, esa autoexigencia cariñosa que en los Alippi nombramos sin patologizar:
la necesidad de que las cosas estén como deben estar, sin gravedad clínica, pero con estructura interna.

Fue ingeniero civil, empresario de instalaciones industriales y subteniente.
Tres roles que requieren orden, disciplina, responsabilidad y visión de conjunto.
Su arquitectura fue sobria, eficiente y silenciosa.
El primogénito que sostuvo, organizó y cuidó a todos.

2. María Irene — Géminis + Eneatipo 7 (no integrado en 5)

María Irene encarnaba el Géminis social, movedizo y luminoso, amplificado por el eneatipo 7 no integrado.
Su sociabilidad era expansiva, su energía intensa, su necesidad de estímulo constante.

Hasta el final eligió los sociales, las risas, la compañía.
No evitaba el dolor por negación: lo evitaba por movimiento.
Era su forma de estar viva.
Y fue coherente con ella hasta el último día.

Su vida fue una celebración del vínculo y del estímulo, incluso en momentos difíciles.
Una arquitectura alegre, inquieta y profundamente humana.

3. Lucia — Libra + Eneatipo 2

Lucia es Libra: armonía, equilibrio, mediación.
Y es eneatipo 2: el cuidado, la inclusión, el vínculo como forma de identidad.

Su modo de estar en el mundo es afectivo: sostener, acompañar, integrar.
No busca estímulo como un 7, ni orden como un 1, ni introspección como un 5.
Busca relación.

Cuando dice “son diferentes lecturas”, cuando acomoda, cuando evita conflicto, cuando acompaña incluso cansada, lo hace desde su estructura 2:
el amor como forma de organización.

Todavía no integra plenamente su 4, y eso no es un defecto:
simplemente su mundo emocional profundo queda muchas veces en segundo plano para priorizar la armonía del vínculo.
Su fortaleza es la contención; su desafío es la autenticidad emocional.

4. Alejandra — Géminis + Eneatipo 1

Alejandra es la geminiana del orden.
Géminis le da movilidad y comunicación; el eneatipo 1 le da estructura, responsabilidad y ritmo operativo.

No arenga: organiza.
No invade: pregunta qué corresponde.
No dispersa: estructura.

Su modo de estar en el mundo es claro:
hacer lo que hay que hacer,
cumplir con el plan,
mantener el orden interno.

Su sociabilidad geminiana está atravesada por la disciplina del eneatipo 1, lo que la vuelve la más organizada del clan.
Una arquitectura ética, eficiente y coherente.

5. Georgina — Géminis + Eneatipo 7 (no integrado en 5)

Geor es Géminis en su versión más movediza: programas, estímulo, compañía constante.
Y es 7 no integrado: la energía que necesita acción, la mente que evita el silencio, la compañía como sostén.

Su modo de estar en el mundo es activo: proponer, convocar, arengar.
No es imposición: es necesidad de estímulo.
El 7 no integrado se protege del dolor llenando la vida de actividades.

Georgina no sabe estar sola, y eso no la define mal:
la define como alguien que vive desde la acción, desde la compañía, desde la experiencia compartida.
Una arquitectura vital, inquieta y social.

6. Leandro — Aries + Eneatipo 7 Integrado en 5

Soy Aries: directo, franco, de eje propio.
Y soy 7 integrado en 5: la mente que busca sentido, la energía que necesita administrar estímulos, la soledad como lugar de orden, la introspección como refugio.

Mi modo de estar en el mundo es simple:
si pierdo eje, pierdo día.

Por eso cuido mi energía,
evito la arenga,
y prefiero afinidades profundas antes que programas sociales intensos.

No es distancia: es estructura.
Mi vida se organiza alrededor de la claridad mental, la autonomía y el equilibrio interno.

Síntesis

En el clan conviven seis arquitecturas distintas.
Juan Arturo, acuario y probable eneatipo 1, vivió desde el deber, la ética, la disciplina y la responsabilidad familiar.
María Irene, geminiana y eneatipo 7 no integrado, vivió desde el estímulo, la compañía y el movimiento, con una sociabilidad luminosa y expansiva.
Lucia, libra y eneatipo 2, organiza su vida desde el vínculo, la armonía y el cuidado, priorizando siempre la relación y la contención afectiva.
Alejandra, geminiana y eneatipo 1, vive desde el orden, la responsabilidad y la estructura, organizando tiempos, tareas y encuentros con una ética clara.
Georgina, geminiana y eneatipo 7 no integrado, vive desde la acción, los programas y la compañía constante; es muy alegre, siempre agraciada, y portadora de una estrella eterna que le da muchísima fortaleza, aun cuando la vida la ha golpeado durísimo y más que a todos los demás.
Y yo, Aries y eneatipo 7 integrado en 5, vivo desde el eje propio, la introspección y las afinidades profundas, cuidando mi energía y eligiendo vínculos que sostengan mi equilibrio interno.

Cada uno funciona desde su lógica interna.
Ninguno está “mal”.
Ninguno es “mejor”.
Son arquitecturas distintas que explican por qué cada uno vive, siente y se vincula de manera particular.
Entender estas diferencias permite vincularnos sin exigir que el otro sea como uno, sin pedir que responda desde una estructura que no tiene, sin confundir amor con estilo.
Cada uno aporta su modo.
Cada uno sostiene su forma.
Y en esa diversidad, la familia encuentra su equilibrio.



sábado, 15 de agosto de 2026

Los abuelos y los sobrinietos — Comunidad Afectiva Alippi García

Entre los Alippi’s, hace ya varios años empezó a nacer una nueva generación: la de los nietos de quienes somos hoy la mayor generación viva. Mis padres no llegaron a ver bisnietos, y quizá por eso observo este fenómeno con una mezcla de ternura ajena y distancia de ermitaño. Soy el único que no tiene nietos propios, sino sobrinos nietos, o “sobrinietos”, como los llamamos en la jerga doméstica. Y eso me coloca en un lugar particular: el del tío abuelo que mira desde la orilla cómo los demás se transforman en abuelos chochos.

Porque sí: los abuelos de sangre están completamente desbordados de chochera.
Se les multiplica el trabajo cotidiano: los cuidan, los llevan y los traen, les cocinan lo que les gusta, les compran regalos cada dos días, y hasta se tiran al piso para jugar, para que los monten como caballitos o para hacerles de puente humano. Es un espectáculo hermoso y agotador, según quién lo mire.

Mis sobrinietos, además, ya han participado en varios castings. Magui, que trabaja como publicista en un negocio de ropa para niños, los mete en producciones donde estos pequeños actores tienen que filmar dos horas para sacar un minuto limpio. Entre berrinches, corridas y desastres, logran ese instante perfecto que después vemos en redes como si todo hubiera sido fácil.

Las abuelas, por su parte, están fascinadas.
Se esmeran como si hubieran nacido para eso: malcriar a lo loco, con una dedicación que no admite pausas. Cada nieto es un pequeño reino, y ellas son las reinas absolutas del mimo.

Yo, en cambio, tengo mi estilo.
Les cambio el tono de voz y les hablo con voz de pavo, les hago un saludito en el cuero cabelludo, y listo. Como soy el tío abuelo más ermitaño de la comunidad, ninguno tiene la suficiente confianza para darme un beso y mucho menos un abrazo. Hasta que, de repente, alguno me sorprende con un abrazo espontáneo y un “Tío Leandro”, y ahí se me afloja algo que no sabía que estaba tenso. O más gracioso todavía, cuando Pedro, que me daba poco y nada de corte, de repente cierto día me abraza mi panza globulosa de cincuentón y me pregunta si estaba embarazado y luego me daba besitos en la misma ajajajajajajjaja.

Mi cuñado también es un espectáculo: verlo decir “hola, Gregorito” con voz de abuelo pavo es una escena que merece quedar registrada en la memoria colectiva.

Confieso —malamente— que hace tanto que soy ermitaño que ya no sé cuántos sobrinietos tengo. Los tengo registrados hasta 14. Ojalá no me esté olvidando de ninguno, pero mierda, que los voy a mencionar para que no me calen de algun olvido, igual cuando me siente a escribir la lista completa, aunque tenga dudas y me ría solo mientras lo hago acudiré a mis ayudas memorias de rigor jajajajaja.

Epílogo del tío abuelo

A veces pienso que mi relación con los sobrinietos tiene una raíz más profunda que la simple distancia familiar. Lo más cerca que estuve de paternar fue con las tres hijastras que tuve en otra etapa de mi vida: Martina, que hoy vive en Italia; Rocío, que está por dar a luz a Olivia; e Isabella, la menor, que hoy tiene diecisiete años y con quien tuve el trato más fluido.
No fueron hijas de sangre, pero mi corazón las quiso como tales. Y aunque el tiempo y las circunstancias hayan separado los caminos —Rocío sin participarme de su embarazo, Analía y yo cortando en diciembre pasado—, siento que esa Olivia que está por nacer la 15° es, de algún modo, una nietastra del corazón. No por derecho, sino por resonancia afectiva.

Nota del 23 de Agosto: Olivia nació al fin, está muy bien ella y todas las de la familia y es muy hermosa. Me puse muy contento.

La Comunidad Afectiva Alippi García sigue creciendo.
Los nietos traen ruido, ternura, caos, fotos, videos, castings, y un nuevo modo de estar juntos.
Los abuelos traen chochera, energía renovada y ese amor que se vuelve oficio.
Y yo, desde mi rincón, los miro, los saludo con voz de pavo y celebro que esta familia siga multiplicándose en risas, berrinches y abrazos inesperados.



viernes, 14 de agosto de 2026

POST — Las Hermanas, los Viajes y la Vida que Me Tocó Vivir


Hoy estuve conversando con mi amiga Nadia, que siempre tiene una lectura fina de las personas. Mientras miraba fotos de mis hermanas, me dijo algo que me quedó resonando: que Alejandra no representa la edad, que Lucía parece la más patricia, que Georgina tiene esa estrella propia, y que yo soy el más sencillo del linaje. Y tenía razón.

Alejandra, con sus 66, sigue siendo una mujer hermosa, de esas que mantienen estilo sin esfuerzo. Lucía, la mayor con 67, es la morocha clásica, la más cheta en su porte. Y Georgina, la rubia de 62, es la dragona del horóscopo chino: siempre cae parada, siempre encuentra su camino.

Las tres están muy bien. Viajan, disfrutan, sostienen una estética Alippi que viene de generaciones. Alejandra volvió hace poco de un viajesón por Brasil; Lucía estuvo en Río; el año pasado Alejandra se fue a Dinamarca; y ahora Georgina se prepara para Playa del Carmen. Mis sobrinos… una culada. Todos acomodados, todos con su propio impulso.

Yo siempre digo que los Alippi fuimos pudientes. Algunos nos empobrecimos y nos rehacimos. En mi caso, por educación y vocación, siempre estuve más cerca de los vulnerables y los pobres. Soy el más sencillo, como me dijo Nadia, y es verdad. Pero eso nunca me quitó linaje: simplemente me llevó por otros caminos.

También recordé mis viajes. Diez países de Sudamérica y el Caribe. Machu Picchu tres veces. Ushuaia dos veces. El Calafate dos veces. Colombia con su Caribe profundo: Santa Marta, Cartagena, y el Parque Tayrona, donde fui dos veces, una con amigos y otra en mi luna de miel con Soledad. Uruguay en auto, Santa Teresa, Punta del Diablo siguiendo tambores por la playa, Punta del Este, Colonia, el ferry a Buenos Aires. En esa época viajaba con tarjeta; hoy, viviendo al contado, la ecuación es otra.

Pero vivo más tranquilo. Mucho más. El único detalle es que las candidatas que aparecen suelen ser de querer viajar, y yo ahora estoy en otra etapa: la de sostener lo que tengo, la de vivir con calma, la de elegir bien.

Este post es para dejar asentado algo simple: mi familia es amplia, hermosa y diversa, y mi vida —con sus viajes, sus caídas, sus retornos y su sencillez— forma parte de ese linaje. Somos los Alippi. Y cada uno, desde su lugar, sigue llevando la historia adelante.



miércoles, 12 de agosto de 2026

Conversación con Arturo — Comunidad Afectiva Alippi García

Hoy hablé con Arturo. Mi sobrino, pero también el hijo de mi hermano Juan Arturo, aquel que partió el 28 de diciembre de 2016 y dejó un hueco que todavía se siente en la mesa familiar. Arturo hoy lleva adelante Impianti SRL, la empresa que fundaron sus padres y que heredó con la responsabilidad tranquila que siempre tuvo desde chico.

Le escribí para consultarle si podía acompañarnos con un informe técnico para el edificio Altos de Clermont donde vivo. Me respondió con esa claridad que lo caracteriza: que muchas gracias por tenerlo en cuenta pero que está concentrado en la empresa, sin tiempo para asumir más compromisos. Lo entendí sin más. En nuestra familia, cada uno sabe dónde está parado y qué puede sostener.

Pero lo que vino después fue lo que me tocó de verdad.

“¿Estás jugando al ajedrez online?”
“Algún día hacemos una partida.”

Ahí apareció el vínculo.
No el profesional, no el del consorcio, no el del ingeniero.
El otro: el del linaje, el del gesto simple, el del tío y el sobrino que se reconocen en un tablero.

Me pasó su usuario. Le pasé el mío.
Y en ese intercambio mínimo sentí algo que siempre vuelve:
que la familia no es sólo historia, ni sólo ausencia, ni sólo responsabilidades.
Es también esto: un mensaje breve, un juego pendiente, una continuidad silenciosa.

A veces, entre edificios, humedades, contratos sociales y días que pesan, aparece un gesto que recuerda que seguimos acá.
Que todavía hay partidas por jugar.



martes, 14 de julio de 2026

Exequias para Pericles, el Guerrero de los Muiño Alippi

 

Hoy, en esta noche en que la casa de Lucía parece más grande y más silenciosa, despedimos a Pericles, caniche micro toy, guerrero diminuto y centinela de 17 años que ha dejado de existir mientras se dormía de a poco, con ese corazón pequeño pero obstinado que siguió marcando el ritmo del viaje que emprendía.
Los Coyas enseñan que los animales cruzan primero el Río del Más Allá, abriendo el camino del miedo para sus amos. Ladran desde la otra orilla para darnos ánimo. Esta noche, Pericles ya está allí, ladrando suave, como quien dice “cuando llegue tu hora, no tengas temor”.

I. Su larga vida: un récord y un símbolo

Entre todas las mascotas de la comunidad familiar Alippi García, ninguna vivió tanto.
Pericles fue un record, pero más que eso: fue una presencia constante, un testigo de cuatro generaciones desde el abuelo Alippi que te llamaba cariñosamente: "Periclito, periclito", la Coca, Doña Emilia, Don Juan hasta tus sobrinos Gregorio, Pedro y Fausto, pasando por tus padres Gustavo y Lucia, tus hermanos, Octavio con el que te estudiaste Arquitectura en el altillo, Lucía y su Diseño, Magui y su Publicidad.
Alegró reuniones, vigiló veranos, vio nacer a los nietos de Lucía, jugó con los sobrinos, y cada visita nuestra era recibida con ese ladrido de guardián que atravesaba el pasillo exterior hasta el portón.
Nunca aceptó ser “el perro de la casa”. Él era uno más, y así fue tratado.

II. El verano del hara-kiri

Hubo un verano en que pareció morirse.
Magui y Ramiro lo encontraron acurrucado bajo una planta del patio, temblando, como hacen ciertos perros cuando deciden retirarse solos para morir.
Yo dije que se había ido a hacerse el hara-kiri.
Pero Magui lo levantó en brazos, lo llevó a la casa de San Clemente donde estábamos pasando unos días gran parte de la familia amplia, y al recibir el calor de hogar, resucitó.
Al rato ya estaba ladrando por su porción de asado, como si nada.

III. La Posta y los veranos de guardia

Con Georgina nos tocó ser caseros en la Posta de Heriberto Martínez.
Pericles era parte de nuestras tareas: cuidarlo, acompañarlo, entender sus rituales.
Recuerdo una tarde de lluvia en que Georgina caminó cinco cuadras para llevarlo a la veterinaria donde tenía su albergue de verano.
Allí convivía con otros perros vecinos, y se llevaba bárbaro.
Era pequeño, pero tenía códigos.

IV. El celibato del guerrero

Soltero para siempre.
Probó entreverarse con una de su raza, pero eligió el celibato.
Un guerrero espiritual, un asceta canino.
Un capo.

V. Su partida

Hoy se fue como viven los sabios: sin hacer ruido, sin dramatismo, sin exigir nada.
Se durmió mientras su corazón seguía latiendo, como si quisiera acompañar a la familia un poco más, hasta el último segundo.

Pericles, guerrero de los Muiño Alippi,
que tu ladrido siga sonando desde la otra orilla.
Que tu vida larga y obstinada quede como ejemplo de fidelidad, humor, presencia y resistencia.
Que tu memoria acompañe a Lucía madre, a Lucía hija, Octavio, a "sus sobrinitos", a todos los que te conocieron.
Y que cuando llegue nuestro turno de cruzar el Río, seas vos quien nos reciba, moviendo la cola, diciendo con tu voz chillona:
“No tengan miedo, ya abrí el camino.”

Y nosotros querido hermano perro, amiguito "sintiente no humano", te decimos que si fuiste parte de la familia Muiño Alippi y de la Comunidad Alippi García y Cía. te mereces unas exequias como estas, dignas de cualquier ser humano querido. Amén



sábado, 20 de junio de 2026

Comunidad: El cumpleaños de Dante y un reencuentro inesperado


Ayer fue el cumpleaños de Dante, mi ahijado de confirmación y amigo de toda la vida. Como cada año, la reunión tuvo ese clima simple y cálido que él sabe generar: choripanes bien hechos, colita de cuadril, bondiolita cortada fina para sandwichitos y un arsenal de salsas que prepararon sus cuñadas. La mesa larga, la charla fácil, la gente de siempre.

Entre los que aparecieron estuvo Fabio, un viejo amigo de aquellos tiempos en que nos juntábamos en la casa de Ely a escuchar música, tomar café y hablar de la vida hasta cualquier hora. Hace años que no lo veía. Él ha tenido sus luchas, especialmente con las sustancias, pero ayer lo encontré presente, lúcido, con ganas de conversar.

Cuando me volví de la fiesta, me pidió si podía acercarlo hasta su casa. En el camino lo invité a tomar un café y aceptó sin dudar. Terminamos recordando esas noches largas de juventud, cuando todavía no sabíamos que el tiempo iba a llevarnos por caminos tan distintos. Fue un rato bueno, sincero, sin máscaras.

Hubo algo más: el reconocimiento energético. Dos vampiros psíquicos que se reencuentran después de mucho tiempo y se reconocen. Nos abrazamos como me enseñó Riquelme, no como gesto social sino como lectura mutua. Fue un momento breve pero real.

Me quedo con eso.
Con la fiesta de Dante, que siempre reúne.
Con la comida compartida.
Con el reencuentro inesperado.
Y con la certeza de que, a veces, la vida te devuelve piezas del pasado solo para mostrarte dónde estás parado hoy.

Este es mi registro para Comunidad. Para que quede escrito.



martes, 2 de junio de 2026

Comunidad: Obras, Acompañamientos y Cierres Necesarios

 

En estos días estuve terminando una serie de arreglos importantes tanto en mi casa como en mi auto, y quiero dejarlo registrado acá, en Comunidad, porque mucho de lo que logré se apoyó también en la ayuda concreta de la familia.

Hace unos días Alicia, mi cuñada, me prestó su tarjeta de crédito para poder comprar el aire acondicionado que necesitaba para el Clermont. Un gesto simple, directo y muy valioso para mí. Gracias a eso pude avanzar con algo que venía postergando hace tiempo.

Por otro lado, mi casa tenía dos pérdidas que ya no podían esperar: una en el inodoro y otra en el monocomando de la cocina. Entre el sábado y hoy vino Marcos, el plomero, y dejó todo en orden. Trabajo limpio, prolijo, sin vueltas.

Hoy también vino Javier, el instalador del aire acondicionado, y me dejó el equipo funcionando perfecto. El Clermont quedó distinto, más habitable, más digno.

Mientras tanto sigo invirtiendo en la Taunus, haciéndole mejoras menores para que llegue bien a la ITV del día 9. Son detalles, pero necesarios para que el auto esté a la altura y pueda seguir acompañándome como siempre.

Quiero dejar asentado algo: soy un tipo autónomo, trabajo con mis propios recursos y sostengo mis cosas. Pero aun así, la familia está. Acompaña, habilita, facilita. No desde la dependencia, sino desde el vínculo real. Y eso lo valoro.

Hoy cierro un tramo de ordenamientos que venían pendientes. La casa está en regla, el aire instalado, las pérdidas resueltas, la Taunus encaminada. Y yo, más tranquilo.

Este es mi registro para Comunidad.
Para que quede escrito.
Para que se sepa que cuando uno avanza, nunca avanza solo.

lunes, 25 de mayo de 2026

Comunidad — Locro de Lujo en Casa de Lucía


Hoy, al mediodía, Lucía nos va a reunir a todos los hermanos junto a su familia en su casa para compartir un locro de lujo hecho por ella misma.
Le digo de lujo porque este locro, que aprendió de mamá, tiene su sello propio:
lleva carne de buena calidad de vaca y cerdo, chorizo común y colorado, y panceta.
Aunque no sea el locro tradicional con cuerito, patita, falda o mondongo, es un locro muy pero muy rico, de esos que los Alippi García & Cía disfrutamos con alegría y orgullo familiar.

Será un mediodía de encuentro, de mesa larga y de memoria viva.
Lucía no solo cocinará: convocará.
Y en esa convocatoria se sentirá el linaje, el calor de la casa y el gusto de estar juntos.

Gracias anticipadas, Lucía, por tu generosidad, por tu receta, por tu mesa y por tu manera de mantener encendida la llama familiar.



jueves, 7 de mayo de 2026

A mis tres hermanas


Hoy quiero dejar asentado algo que no siempre se dice en voz alta: mi vida ha sido sostenida, en gran parte, por mis tres hermanas carnales. Cada una, desde su modo y su carácter, ha ocupado un lugar decisivo en mi historia adulta, especialmente en los años más difíciles.

Lucía es, desde hace tiempo, la hermana mayor total. Cuando Juan Arturo y María Irene faltaron, tomó la posta sin pedir permiso ni esperar reconocimiento. Fue la primera persona a la que acudí cuando estuve más quebrado que nunca y necesité un apoyo judicial. No dudó un instante: aceptó con responsabilidad, con honor y con una lealtad que no se negocia. Me abrió su casa en todas las circunstancias: cuando estaba mal, cuando había que celebrar, cuando quería compartir su familia, cuando debía alojarme después de mis internaciones hasta que los médicos me autorizaran a volver a casa. Su corazón enorme la lleva a protegerme incluso más de lo que yo tolero, y sí, eso generó roces. Pero es su forma de amar, y yo la reconozco.

Alejandra, cuyo nombre significa “la protectora del hombre”, fue nombrada por la justicia como mi segundo apoyo y siempre estuvo ahí para sostener a Lucía en los momentos más tensos. Me permitió dejar atrás los alquileres al donarme el usufructo vitalicio del Clermont, aun teniendo todo el derecho del mundo a cobrarme la mitad. Durante mi matrimonio con Ely, me tomó como referente de paciente que hace las cosas bien y trató de transmitirle algo de eso a su marido, que también padecía bipolaridad. En estos últimos años se consolidó como co‑apoyo formal y real. También me alojó cuando lo necesité. Y, como mis otras hermanas, siempre me invitó a todo, aun sabiendo que yo vivía cortado.

Georgina, aunque no es co‑apoyo judicial, en los hechos opera como tal. Ha sido la hermana que más ha cuidado mi socialización y mi esparcimiento: cafés, bares, charlas largas, visitas frecuentes, ravioles inolvidables. Con ella comparto temas que solo nosotros dos entendemos, y ahí encontramos una complicidad que no se fuerza ni se explica.

La participación de Georgina en la manera como resolvimos la herencia de nuestros padres, El Bolivar, y el modo como devino todo resultó crucial para que tanto ella como yo hoy podemos gozar de nuestros departamentos propios. ¡Gracias!

Tres hermanas distintas, tres modos de sostén, tres formas de amor adulto.
Si hoy estoy vivo, lúcido y en mi casa, es también por ellas.
Este post es un agradecimiento, pero sobre todo es un registro: lo que hicieron por mí queda escrito.

Dedicatoria final

A Lucía, Alejandra y Georgina:
este texto fija en la posteridad lo que ya era verdad en mi vida —que nunca estuve solo porque ustedes existieron.



jueves, 26 de marzo de 2026

El Abuelo Ventilador y mi Monasterio de Fuerza



Hay objetos que no solo sobreviven al tiempo: lo atraviesan con una dignidad que desarma. En mi casa vive uno de esos: el Abuelo Ventilador, un aparato de fundición con 95 años de servicio, que todavía funciona como una turbina rusa. En febrero, los maestros del taller de la Comunidad Alippi García lo miraban con respeto: “Esto es indestructible”, decían.

Y tenían razón.

Funciona tan bien que desistí por completo de invertir un capital enorme en aires acondicionados. No necesito nada más. El Abuelo Ventilador refresca, acompaña y, además, se convirtió en algo inesperado:
mi compañero de entrenamiento monástico.

Durante años pagué gimnasios, cuotas, turnos, y sostenía un ritual que me gustaba: salir del templo de fierro y cruzar al bar de enfrente para tomarme una Coca. Todo eso tenía su encanto, pero también tenía un costo.
El costo del dinero y el costo del ritual asociado.

Hoy decidí que no quiero sostener ninguno de los dos.

No porque no me guste entrenar.
No porque no me guste la Coca.
Sino porque me gusta muchísimo más la vida monástica.

Y en esa vida monástica descubrí algo simple:
no necesito un gimnasio para entrenar.
Necesito un objeto pesado, silencio y constancia.

El Abuelo Ventilador pesa alrededor de cuarenta kilos. Con él hago sentadillas, cargadas y movimientos de fuerza que me mantienen firme, estable y presente. No busco volumen ni récords. Busco orden corporal adulto. Y eso, curiosamente, lo encuentro más en mi casa que en cualquier templo de fierro.

Pero además apareció algo nuevo, algo que me está ordenando todavía más:
ir a los Parques de la Ciudad de Córdoba a tomar mates, descalzo sobre el pasto, en contacto con esa naturaleza urbana que es humilde pero suficiente.

Esa actividad —estar ahí, respirando, sintiendo la tierra— me da más equilibrio que cualquier máquina de gimnasio. Es otra forma de entrenamiento: no físico, sino existencial.

Nadia corre 4 km por día y hace funcional dos veces por semana porque es atleta.
Yo entreno con un ventilador de 95 años porque soy un monje guerrero.
Cada uno sigue su camino.
Y ambos caminos son válidos.

Lo importante es esto:
elegí un modo de vida que no me cueste dinero, que no me genere rituales anexos, y que me devuelva a mí mismo.

El Abuelo Ventilador, los mates en el parque y mis pies descalzos sobre el pasto son, hoy, mi monasterio.



miércoles, 25 de marzo de 2026

Contra la Kawasaki: Apología del Suficiente

 

Hay decisiones que no necesitan épica, solo un acto de lucidez. Renunciar a la Kawasaki no es un sacrificio ni una renuncia heroica: es un ajuste fino de realidad. Un buen minimalista de hoy —ese que muchos confunden con asceta— no vive con menos por penitencia, sino por precisión.

La moto era un capricho elegante, sí. Pero también era un vector de dispersión: dinero, energía, logística, mantenimiento, seguros, espacio mental. Todo eso para sumar un segundo vehículo cuando ya existe uno que, como hay Dios, terminaré de restaurar: mi Taunus.

El Taunus no es solo un auto. Es un proyecto en curso, un compromiso asumido, un objeto que ya forma parte del ecosistema operativo. Agregar la Kawasaki sería abrir una segunda rama cuando la primera todavía está floreciendo. Y un minimalista no bifurca sin necesidad: concentra.

La cultura actual vende acumulación disfrazada de libertad. Pero la libertad real es otra cosa: es no multiplicar frentes, no atomizar la atención, no hipotecar tiempo en máquinas que no hacen falta. El asceta del pasado renunciaba por virtud; el minimalista de hoy renuncia por eficiencia.

Un solo vehículo basta. Y si ese vehículo es el Taunus —con su historia, su peso específico, su promesa de restauración completa— entonces la ecuación es simple:
no hace falta nada más.

La Kawasaki era un deseo. El Taunus es un destino operativo.
Y elegir destino por encima de deseo es, en estos tiempos, un acto de carácter.

Post para Daniel -Entrega de la Taunus-

 

Título:

Un Proyecto que Merece Seguir en Buenas Manos

Contenido:

Daniel:

Quiero compartirte una decisión que vengo pensando con calma y que me gustaría que conversemos con total libertad, sin obligación y sin compromiso previo.

La Taunus fue, durante muchos años, un proyecto querido para mí: un objeto técnico, afectivo y simbólico que acompañó etapas importantes de mi vida. Pero hoy estoy en un momento distinto, más minimalista, más liviano y más orientado a simplificar mi movilidad y mis gastos.

Por eso quiero proponerte algo que considero una ganancia para ambos:
donarte la Taunus para que vos puedas continuar su restauración con tu propio criterio, tu ritmo y tu cariño.

No te la ofrezco como un problema, ni como un peso, ni como una responsabilidad heredada.
Te la ofrezco porque:

  • vos tenés la cabeza técnica para disfrutarla

  • vos tenés el vínculo afectivo para valorarla

  • vos podés convertirla en un proyecto propio, sin urgencias

  • y porque prefiero que quede en manos de alguien que la entiende y la quiere

Para mí, esta decisión significa orden, liviandad y coherencia con mi estilo de vida actual.
Para vos, puede significar un proyecto hermoso, sin presión y sin expectativas externas.

Quiero que sepas que podés hablar conmigo con total sinceridad sobre:

  • lo bueno del proyecto

  • lo malo

  • lo que te entusiasma

  • lo que te preocupa

  • lo que te gustaría hacer

  • o si preferís no tomarla

No hay respuesta correcta.
No hay obligación.
No hay deuda emocional.

Solo quiero que lo pensemos juntos, como dos adultos que se respetan y se escuchan.

Si te interesa, avanzamos.
Si no, seguimos como estamos.
En ambos casos, está todo bien.

Lean.

Daniel no me la aceptó, pero me dio el teléfono de un mecánico que me dijo que es el de toda su familia y que les hace muchas facilidades, por lo que volvió el alma al cuerpo y muchísima esperanza.

LOS DOS SUEÑOS NARRADOS EXACTAMENTE COMO LOS SOÑE Y SU INTERPRETACIÓN.

(dos sueños + árbol comunitario + interpretación final) I. LOS DOS SUEÑOS, TAL CUAL YO LOS SOÑÉ Primer sueño La madrugada anterior tuve un s...