Hoy quiero dejar asentado algo que no siempre se dice en voz alta: mi vida ha sido sostenida, en gran parte, por mis tres hermanas carnales. Cada una, desde su modo y su carácter, ha ocupado un lugar decisivo en mi historia adulta, especialmente en los años más difíciles.
Lucía es, desde hace tiempo, la hermana mayor total. Cuando Juan Arturo y María Irene faltaron, tomó la posta sin pedir permiso ni esperar reconocimiento. Fue la primera persona a la que acudí cuando estuve más quebrado que nunca y necesité un apoyo judicial. No dudó un instante: aceptó con responsabilidad, con honor y con una lealtad que no se negocia. Me abrió su casa en todas las circunstancias: cuando estaba mal, cuando había que celebrar, cuando quería compartir su familia, cuando debía alojarme después de mis internaciones hasta que los médicos me autorizaran a volver a casa. Su corazón enorme la lleva a protegerme incluso más de lo que yo tolero, y sí, eso generó roces. Pero es su forma de amar, y yo la reconozco.
Alejandra, cuyo nombre significa “la protectora del hombre”, fue nombrada por la justicia como mi segundo apoyo y siempre estuvo ahí para sostener a Lucía en los momentos más tensos. Me permitió dejar atrás los alquileres al donarme el usufructo vitalicio del Clermont, aun teniendo todo el derecho del mundo a cobrarme la mitad. Durante mi matrimonio con Ely, me tomó como referente de paciente que hace las cosas bien y trató de transmitirle algo de eso a su marido, que también padecía bipolaridad. En estos últimos años se consolidó como co‑apoyo formal y real. También me alojó cuando lo necesité. Y, como mis otras hermanas, siempre me invitó a todo, aun sabiendo que yo vivía cortado.
Georgina, aunque no es co‑apoyo judicial, en los hechos opera como tal. Ha sido la hermana que más ha cuidado mi socialización y mi esparcimiento: cafés, bares, charlas largas, visitas frecuentes, ravioles inolvidables. Con ella comparto temas que solo nosotros dos entendemos, y ahí encontramos una complicidad que no se fuerza ni se explica.
La participación de Georgina en la manera como resolvimos la herencia de nuestros partes, El Bolivar, y el modo como devino todo resultó crucial para que tanto ella como yo hoy podemos gozar de nuestros departamentos propios. ¡Gracias!
