jueves, 7 de mayo de 2026

A mis tres hermanas


Hoy quiero dejar asentado algo que no siempre se dice en voz alta: mi vida ha sido sostenida, en gran parte, por mis tres hermanas carnales. Cada una, desde su modo y su carácter, ha ocupado un lugar decisivo en mi historia adulta, especialmente en los años más difíciles.

Lucía es, desde hace tiempo, la hermana mayor total. Cuando Juan Arturo y María Irene faltaron, tomó la posta sin pedir permiso ni esperar reconocimiento. Fue la primera persona a la que acudí cuando estuve más quebrado que nunca y necesité un apoyo judicial. No dudó un instante: aceptó con responsabilidad, con honor y con una lealtad que no se negocia. Me abrió su casa en todas las circunstancias: cuando estaba mal, cuando había que celebrar, cuando quería compartir su familia, cuando debía alojarme después de mis internaciones hasta que los médicos me autorizaran a volver a casa. Su corazón enorme la lleva a protegerme incluso más de lo que yo tolero, y sí, eso generó roces. Pero es su forma de amar, y yo la reconozco.

Alejandra, cuyo nombre significa “la protectora del hombre”, fue nombrada por la justicia como mi segundo apoyo y siempre estuvo ahí para sostener a Lucía en los momentos más tensos. Me permitió dejar atrás los alquileres al donarme el usufructo vitalicio del Clermont, aun teniendo todo el derecho del mundo a cobrarme la mitad. Durante mi matrimonio con Ely, me tomó como referente de paciente que hace las cosas bien y trató de transmitirle algo de eso a su marido, que también padecía bipolaridad. En estos últimos años se consolidó como co‑apoyo formal y real. También me alojó cuando lo necesité. Y, como mis otras hermanas, siempre me invitó a todo, aun sabiendo que yo vivía cortado.

Georgina, aunque no es co‑apoyo judicial, en los hechos opera como tal. Ha sido la hermana que más ha cuidado mi socialización y mi esparcimiento: cafés, bares, charlas largas, visitas frecuentes, ravioles inolvidables. Con ella comparto temas que solo nosotros dos entendemos, y ahí encontramos una complicidad que no se fuerza ni se explica.

La participación de Georgina en la manera como resolvimos la herencia de nuestros partes, El Bolivar, y el modo como devino todo resultó crucial para que tanto ella como yo hoy podemos gozar de nuestros departamentos propios. ¡Gracias!

Tres hermanas distintas, tres modos de sostén, tres formas de amor adulto.
Si hoy estoy vivo, lúcido y en mi casa, es también por ellas.
Este post es un agradecimiento, pero sobre todo es un registro: lo que hicieron por mí queda escrito.

Dedicatoria final

A Lucía, Alejandra y Georgina:
este texto fija en la posteridad lo que ya era verdad en mi vida —que nunca estuve solo porque ustedes existieron.



A mis tres hermanas

Hoy quiero dejar asentado algo que no siempre se dice en voz alta: mi vida ha sido sostenida, en gran parte, por mis tres hermanas carnales....