En estos días estuve terminando una serie de arreglos importantes tanto en mi casa como en mi auto, y quiero dejarlo registrado acá, en Comunidad, porque mucho de lo que logré se apoyó también en la ayuda concreta de la familia.
Hace unos días Alicia, mi cuñada, me prestó su tarjeta de crédito para poder comprar el aire acondicionado que necesitaba para el Clermont. Un gesto simple, directo y muy valioso para mí. Gracias a eso pude avanzar con algo que venía postergando hace tiempo.
Por otro lado, mi casa tenía dos pérdidas que ya no podían esperar: una en el inodoro y otra en el monocomando de la cocina. Entre el sábado y hoy vino Marcos, el plomero, y dejó todo en orden. Trabajo limpio, prolijo, sin vueltas.
Hoy también vino Javier, el instalador del aire acondicionado, y me dejó el equipo funcionando perfecto. El Clermont quedó distinto, más habitable, más digno.
Mientras tanto sigo invirtiendo en la Taunus, haciéndole mejoras menores para que llegue bien a la ITV del día 9. Son detalles, pero necesarios para que el auto esté a la altura y pueda seguir acompañándome como siempre.
Quiero dejar asentado algo: soy un tipo autónomo, trabajo con mis propios recursos y sostengo mis cosas. Pero aun así, la familia está. Acompaña, habilita, facilita. No desde la dependencia, sino desde el vínculo real. Y eso lo valoro.
Hoy cierro un tramo de ordenamientos que venían pendientes. La casa está en regla, el aire instalado, las pérdidas resueltas, la Taunus encaminada. Y yo, más tranquilo.
