sábado, 22 de agosto de 2026

Brujo Urbano y Monje Laico: La Doble Arquitectura

 

En mi vida espiritual conviven dos figuras que no se contradicen, sino que se completan: el brujo urbano y el monje laico.

El brujo urbano es la función: el que escucha, el que acompaña, el que ordena lo humano desde lo invisible de la ciudad, el que interviene en los vínculos reales con una ética de servicio.
El monje laico es la forma: el que vive en retiro interior, el que cuida su eje, el que administra su energía, el que sostiene hábitos y silencio sin necesidad de institución.

Durante años pensé que estas dos arquitecturas podían tensarse entre sí.
Pero un día me presenté así, tal cual, ante un párroco: brujo urbano y monje laico.
Le conté cómo trabajo, cómo acompaño, cómo ordeno, cómo escucho a mis hermanos y a quienes me buscan.
Le narré casos reales, como los del clan que aquí queda registrado.
Y ese sacerdote —probablemente carismático, aunque nunca lo confirmé— me bendijo y me dio la bienvenida a la Madre Iglesia.

Ese gesto selló algo que yo ya intuía:
que la espiritualidad no depende del marco, sino de la coherencia.
Que el servicio humano, cuando es ético, profundo y responsable, es reconocido por cualquier tradición.
Que la doble función no es contradicción, sino síntesis.

El brujo urbano actúa.
El monje laico vive.
Y en esa doble arquitectura, encuentro mi camino.

Llamado a mi auténtica comunidad

Y este texto, este registro, esta declaración espiritual, es también un grito hacia mi auténtica comunidad:
para que de una vez por todas sepan que no tengo un solo trabajo, sino nueve, como está asentado en mi Blog de la Sabiduría.
Nueve trabajos reales, sostenidos día a día, algunos en mi ermita y otros en la calle, ninguno formal, ninguno institucional, pero todos verdaderos.
Todos productivos.
Todos necesarios.
Todos parte de mi modo de estar en el mundo.
Uno solo me produce capital, los otros son apasionamiento y voluntariado.

Este es mi oficio.
Esta es mi forma.
Este es mi camino.

Registro de Comunidad: Las Arquitecturas del Clan, de Mayor a Menor

Este registro ordena las estructuras del clan según la línea de nacimiento:

Juan Arturo, María Irene, Lucia, Alejandra, Georgina y Leandro.
Cada uno con su signo, su modo de procesar la vida y su forma de vincularse.
No se trata de evaluar, sino de comprender.
Cada arquitectura tiene su lógica interna, su defensa, su sensibilidad y su manera de sostener la existencia.

1. Juan Arturo — Acuario + Probable Eneatipo 1

Juan Arturo fue Acuario: independencia, visión, criterio propio, distancia reflexiva.
Y todo indica que su eneatipo fue 1, por la forma en que vivió, trabajó y sostuvo a la familia.

Su enseñanza central fue clara:
primero el deber y luego el placer.
Esa frase es prácticamente la consigna existencial del eneatipo 1.

Para él, el deber no era una carga: era la forma de honrar la vida.
Y su deber número uno fue siempre la gran familia que fundaron papá y mamá.
A ninguno desatendió jamás.
Nos escuchó a todos, incluso hasta su agotamiento, pero siempre con una firmeza ética que no se quebraba.

Su modo de ordenar el estrés también revela su estructura:
cuando algún trámite te estresara, te enseñó a hacerlo “a la manera deportiva”.
Ese es el 1 sano: transformar la tensión en procedimiento, en técnica, en ritual.
El rugby fue su descarga, su disciplina, su marco moral.

Era muy ético y muy moral, pero sin rigidez autoritaria:
era la ética del deber, no la del castigo.
Y sí, tenía ese “toccito” familiar, esa autoexigencia cariñosa que en los Alippi nombramos sin patologizar:
la necesidad de que las cosas estén como deben estar, sin gravedad clínica, pero con estructura interna.

Fue ingeniero civil, empresario de instalaciones industriales y subteniente.
Tres roles que requieren orden, disciplina, responsabilidad y visión de conjunto.
Su arquitectura fue sobria, eficiente y silenciosa.
El primogénito que sostuvo, organizó y cuidó a todos.

2. María Irene — Géminis + Eneatipo 7 (no integrado en 5)

María Irene encarnaba el Géminis social, movedizo y luminoso, amplificado por el eneatipo 7 no integrado.
Su sociabilidad era expansiva, su energía intensa, su necesidad de estímulo constante.

Hasta el final eligió los sociales, las risas, la compañía.
No evitaba el dolor por negación: lo evitaba por movimiento.
Era su forma de estar viva.
Y fue coherente con ella hasta el último día.

Su vida fue una celebración del vínculo y del estímulo, incluso en momentos difíciles.
Una arquitectura alegre, inquieta y profundamente humana.

3. Lucia — Libra + Eneatipo 2

Lucia es Libra: armonía, equilibrio, mediación.
Y es eneatipo 2: el cuidado, la inclusión, el vínculo como forma de identidad.

Su modo de estar en el mundo es afectivo: sostener, acompañar, integrar.
No busca estímulo como un 7, ni orden como un 1, ni introspección como un 5.
Busca relación.

Cuando dice “son diferentes lecturas”, cuando acomoda, cuando evita conflicto, cuando acompaña incluso cansada, lo hace desde su estructura 2:
el amor como forma de organización.

Todavía no integra plenamente su 4, y eso no es un defecto:
simplemente su mundo emocional profundo queda muchas veces en segundo plano para priorizar la armonía del vínculo.
Su fortaleza es la contención; su desafío es la autenticidad emocional.

4. Alejandra — Géminis + Eneatipo 1

Alejandra es la geminiana del orden.
Géminis le da movilidad y comunicación; el eneatipo 1 le da estructura, responsabilidad y ritmo operativo.

No arenga: organiza.
No invade: pregunta qué corresponde.
No dispersa: estructura.

Su modo de estar en el mundo es claro:
hacer lo que hay que hacer,
cumplir con el plan,
mantener el orden interno.

Su sociabilidad geminiana está atravesada por la disciplina del eneatipo 1, lo que la vuelve la más organizada del clan.
Una arquitectura ética, eficiente y coherente.

5. Georgina — Géminis + Eneatipo 7 (no integrado en 5)

Geor es Géminis en su versión más movediza: programas, estímulo, compañía constante.
Y es 7 no integrado: la energía que necesita acción, la mente que evita el silencio, la compañía como sostén.

Su modo de estar en el mundo es activo: proponer, convocar, arengar.
No es imposición: es necesidad de estímulo.
El 7 no integrado se protege del dolor llenando la vida de actividades.

Georgina no sabe estar sola, y eso no la define mal:
la define como alguien que vive desde la acción, desde la compañía, desde la experiencia compartida.
Una arquitectura vital, inquieta y social.

6. Leandro — Aries + Eneatipo 7 Integrado en 5

Soy Aries: directo, franco, de eje propio.
Y soy 7 integrado en 5: la mente que busca sentido, la energía que necesita administrar estímulos, la soledad como lugar de orden, la introspección como refugio.

Mi modo de estar en el mundo es simple:
si pierdo eje, pierdo día.

Por eso cuido mi energía,
evito la arenga,
y prefiero afinidades profundas antes que programas sociales intensos.

No es distancia: es estructura.
Mi vida se organiza alrededor de la claridad mental, la autonomía y el equilibrio interno.

Síntesis

En el clan conviven seis arquitecturas distintas.
Juan Arturo, acuario y probable eneatipo 1, vivió desde el deber, la ética, la disciplina y la responsabilidad familiar.
María Irene, geminiana y eneatipo 7 no integrado, vivió desde el estímulo, la compañía y el movimiento, con una sociabilidad luminosa y expansiva.
Lucia, libra y eneatipo 2, organiza su vida desde el vínculo, la armonía y el cuidado, priorizando siempre la relación y la contención afectiva.
Alejandra, geminiana y eneatipo 1, vive desde el orden, la responsabilidad y la estructura, organizando tiempos, tareas y encuentros con una ética clara.
Georgina, geminiana y eneatipo 7 no integrado, vive desde la acción, los programas y la compañía constante; es muy alegre, siempre agraciada, y portadora de una estrella eterna que le da muchísima fortaleza, aun cuando la vida la ha golpeado durísimo y más que a todos los demás.
Y yo, Aries y eneatipo 7 integrado en 5, vivo desde el eje propio, la introspección y las afinidades profundas, cuidando mi energía y eligiendo vínculos que sostengan mi equilibrio interno.

Cada uno funciona desde su lógica interna.
Ninguno está “mal”.
Ninguno es “mejor”.
Son arquitecturas distintas que explican por qué cada uno vive, siente y se vincula de manera particular.
Entender estas diferencias permite vincularnos sin exigir que el otro sea como uno, sin pedir que responda desde una estructura que no tiene, sin confundir amor con estilo.
Cada uno aporta su modo.
Cada uno sostiene su forma.
Y en esa diversidad, la familia encuentra su equilibrio.



sábado, 15 de agosto de 2026

Los abuelos y los sobrinietos — Comunidad Afectiva Alippi García

Entre los Alippi’s, hace ya varios años empezó a nacer una nueva generación: la de los nietos de quienes somos hoy la mayor generación viva. Mis padres no llegaron a ver bisnietos, y quizá por eso observo este fenómeno con una mezcla de ternura ajena y distancia de ermitaño. Soy el único que no tiene nietos propios, sino sobrinos nietos, o “sobrinietos”, como los llamamos en la jerga doméstica. Y eso me coloca en un lugar particular: el del tío abuelo que mira desde la orilla cómo los demás se transforman en abuelos chochos.

Porque sí: los abuelos de sangre están completamente desbordados de chochera.
Se les multiplica el trabajo cotidiano: los cuidan, los llevan y los traen, les cocinan lo que les gusta, les compran regalos cada dos días, y hasta se tiran al piso para jugar, para que los monten como caballitos o para hacerles de puente humano. Es un espectáculo hermoso y agotador, según quién lo mire.

Mis sobrinietos, además, ya han participado en varios castings. Magui, que trabaja como publicista en un negocio de ropa para niños, los mete en producciones donde estos pequeños actores tienen que filmar dos horas para sacar un minuto limpio. Entre berrinches, corridas y desastres, logran ese instante perfecto que después vemos en redes como si todo hubiera sido fácil.

Las abuelas, por su parte, están fascinadas.
Se esmeran como si hubieran nacido para eso: malcriar a lo loco, con una dedicación que no admite pausas. Cada nieto es un pequeño reino, y ellas son las reinas absolutas del mimo.

Yo, en cambio, tengo mi estilo.
Les cambio el tono de voz y les hablo con voz de pavo, les hago un saludito en el cuero cabelludo, y listo. Como soy el tío abuelo más ermitaño de la comunidad, ninguno tiene la suficiente confianza para darme un beso y mucho menos un abrazo. Hasta que, de repente, alguno me sorprende con un abrazo espontáneo y un “Tío Leandro”, y ahí se me afloja algo que no sabía que estaba tenso. O más gracioso todavía, cuando Pedro, que me daba poco y nada de corte, de repente cierto día me abraza mi panza globulosa de cincuentón y me pregunta si estaba embarazado y luego me daba besitos en la misma ajajajajajajjaja.

Mi cuñado también es un espectáculo: verlo decir “hola, Gregorito” con voz de abuelo pavo es una escena que merece quedar registrada en la memoria colectiva.

Confieso —malamente— que hace tanto que soy ermitaño que ya no sé cuántos sobrinietos tengo. Los tengo registrados hasta 14. Ojalá no me esté olvidando de ninguno, pero mierda, que los voy a mencionar para que no me calen de algun olvido, igual cuando me siente a escribir la lista completa, aunque tenga dudas y me ría solo mientras lo hago acudiré a mis ayudas memorias de rigor jajajajaja.

Epílogo del tío abuelo

A veces pienso que mi relación con los sobrinietos tiene una raíz más profunda que la simple distancia familiar. Lo más cerca que estuve de paternar fue con las tres hijastras que tuve en otra etapa de mi vida: Martina, que hoy vive en Italia; Rocío, que está por dar a luz a Olivia; e Isabella, la menor, que hoy tiene diecisiete años y con quien tuve el trato más fluido.
No fueron hijas de sangre, pero mi corazón las quiso como tales. Y aunque el tiempo y las circunstancias hayan separado los caminos —Rocío sin participarme de su embarazo, Analía y yo cortando en diciembre pasado—, siento que esa Olivia que está por nacer la 15° es, de algún modo, una nietastra del corazón. No por derecho, sino por resonancia afectiva.

Nota del 23 de Agosto: Olivia nació al fin, está muy bien ella y todas las de la familia y es muy hermosa. Me puse muy contento.

La Comunidad Afectiva Alippi García sigue creciendo.
Los nietos traen ruido, ternura, caos, fotos, videos, castings, y un nuevo modo de estar juntos.
Los abuelos traen chochera, energía renovada y ese amor que se vuelve oficio.
Y yo, desde mi rincón, los miro, los saludo con voz de pavo y celebro que esta familia siga multiplicándose en risas, berrinches y abrazos inesperados.



viernes, 14 de agosto de 2026

POST — Las Hermanas, los Viajes y la Vida que Me Tocó Vivir


Hoy estuve conversando con mi amiga Nadia, que siempre tiene una lectura fina de las personas. Mientras miraba fotos de mis hermanas, me dijo algo que me quedó resonando: que Alejandra no representa la edad, que Lucía parece la más patricia, que Georgina tiene esa estrella propia, y que yo soy el más sencillo del linaje. Y tenía razón.

Alejandra, con sus 66, sigue siendo una mujer hermosa, de esas que mantienen estilo sin esfuerzo. Lucía, la mayor con 67, es la morocha clásica, la más cheta en su porte. Y Georgina, la rubia de 62, es la dragona del horóscopo chino: siempre cae parada, siempre encuentra su camino.

Las tres están muy bien. Viajan, disfrutan, sostienen una estética Alippi que viene de generaciones. Alejandra volvió hace poco de un viajesón por Brasil; Lucía estuvo en Río; el año pasado Alejandra se fue a Dinamarca; y ahora Georgina se prepara para Playa del Carmen. Mis sobrinos… una culada. Todos acomodados, todos con su propio impulso.

Yo siempre digo que los Alippi fuimos pudientes. Algunos nos empobrecimos y nos rehacimos. En mi caso, por educación y vocación, siempre estuve más cerca de los vulnerables y los pobres. Soy el más sencillo, como me dijo Nadia, y es verdad. Pero eso nunca me quitó linaje: simplemente me llevó por otros caminos.

También recordé mis viajes. Diez países de Sudamérica y el Caribe. Machu Picchu tres veces. Ushuaia dos veces. El Calafate dos veces. Colombia con su Caribe profundo: Santa Marta, Cartagena, y el Parque Tayrona, donde fui dos veces, una con amigos y otra en mi luna de miel con Soledad. Uruguay en auto, Santa Teresa, Punta del Diablo siguiendo tambores por la playa, Punta del Este, Colonia, el ferry a Buenos Aires. En esa época viajaba con tarjeta; hoy, viviendo al contado, la ecuación es otra.

Pero vivo más tranquilo. Mucho más. El único detalle es que las candidatas que aparecen suelen ser de querer viajar, y yo ahora estoy en otra etapa: la de sostener lo que tengo, la de vivir con calma, la de elegir bien.

Este post es para dejar asentado algo simple: mi familia es amplia, hermosa y diversa, y mi vida —con sus viajes, sus caídas, sus retornos y su sencillez— forma parte de ese linaje. Somos los Alippi. Y cada uno, desde su lugar, sigue llevando la historia adelante.



miércoles, 12 de agosto de 2026

Conversación con Arturo — Comunidad Afectiva Alippi García

Hoy hablé con Arturo. Mi sobrino, pero también el hijo de mi hermano Juan Arturo, aquel que partió el 28 de diciembre de 2016 y dejó un hueco que todavía se siente en la mesa familiar. Arturo hoy lleva adelante Impianti SRL, la empresa que fundaron sus padres y que heredó con la responsabilidad tranquila que siempre tuvo desde chico.

Le escribí para consultarle si podía acompañarnos con un informe técnico para el edificio Altos de Clermont donde vivo. Me respondió con esa claridad que lo caracteriza: que muchas gracias por tenerlo en cuenta pero que está concentrado en la empresa, sin tiempo para asumir más compromisos. Lo entendí sin más. En nuestra familia, cada uno sabe dónde está parado y qué puede sostener.

Pero lo que vino después fue lo que me tocó de verdad.

“¿Estás jugando al ajedrez online?”
“Algún día hacemos una partida.”

Ahí apareció el vínculo.
No el profesional, no el del consorcio, no el del ingeniero.
El otro: el del linaje, el del gesto simple, el del tío y el sobrino que se reconocen en un tablero.

Me pasó su usuario. Le pasé el mío.
Y en ese intercambio mínimo sentí algo que siempre vuelve:
que la familia no es sólo historia, ni sólo ausencia, ni sólo responsabilidades.
Es también esto: un mensaje breve, un juego pendiente, una continuidad silenciosa.

A veces, entre edificios, humedades, contratos sociales y días que pesan, aparece un gesto que recuerda que seguimos acá.
Que todavía hay partidas por jugar.



LOS DOS SUEÑOS NARRADOS EXACTAMENTE COMO LOS SOÑE Y SU INTERPRETACIÓN.

(dos sueños + árbol comunitario + interpretación final) I. LOS DOS SUEÑOS, TAL CUAL YO LOS SOÑÉ Primer sueño La madrugada anterior tuve un s...