Hoy estuve conversando con mi amiga Nadia, que siempre tiene una lectura fina de las personas. Mientras miraba fotos de mis hermanas, me dijo algo que me quedó resonando: que Alejandra no representa la edad, que Lucía parece la más patricia, que Georgina tiene esa estrella propia, y que yo soy el más sencillo del linaje. Y tenía razón.
Alejandra, con sus 66, sigue siendo una mujer hermosa, de esas que mantienen estilo sin esfuerzo. Lucía, la mayor con 67, es la morocha clásica, la más cheta en su porte. Y Georgina, la rubia de 62, es la dragona del horóscopo chino: siempre cae parada, siempre encuentra su camino.
Las tres están muy bien. Viajan, disfrutan, sostienen una estética Alippi que viene de generaciones. Alejandra volvió hace poco de un viajesón por Brasil; Lucía estuvo en Río; el año pasado Alejandra se fue a Dinamarca; y ahora Georgina se prepara para Playa del Carmen. Mis sobrinos… una culada. Todos acomodados, todos con su propio impulso.
Yo siempre digo que los Alippi fuimos pudientes. Algunos nos empobrecimos y nos rehacimos. En mi caso, por educación y vocación, siempre estuve más cerca de los vulnerables y los pobres. Soy el más sencillo, como me dijo Nadia, y es verdad. Pero eso nunca me quitó linaje: simplemente me llevó por otros caminos.
También recordé mis viajes. Diez países de Sudamérica y el Caribe. Machu Picchu tres veces. Ushuaia dos veces. El Calafate dos veces. Colombia con su Caribe profundo: Santa Marta, Cartagena, y el Parque Tayrona, donde fui dos veces, una con amigos y otra en mi luna de miel con Soledad. Uruguay en auto, Santa Teresa, Punta del Diablo siguiendo tambores por la playa, Punta del Este, Colonia, el ferry a Buenos Aires. En esa época viajaba con tarjeta; hoy, viviendo al contado, la ecuación es otra.
Pero vivo más tranquilo. Mucho más. El único detalle es que las candidatas que aparecen suelen ser de querer viajar, y yo ahora estoy en otra etapa: la de sostener lo que tengo, la de vivir con calma, la de elegir bien.
Este post es para dejar asentado algo simple: mi familia es amplia, hermosa y diversa, y mi vida —con sus viajes, sus caídas, sus retornos y su sencillez— forma parte de ese linaje. Somos los Alippi. Y cada uno, desde su lugar, sigue llevando la historia adelante.
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