Hay días que transcurren con una lógica impecable y predecible.
Y después está este martes.
La jornada comenzó con mi ya clásica condición de "zombi farmacológico". Me desperté boleado, con la dignidad de un sistema operativo arrancando en modo seguro y la velocidad de procesamiento de una calculadora solar un día nublado.
Sin embargo, había una misión que cumplir.
A las siete de la mañana me esperaba el entrenamiento físico por Meet.
Mientras intentaba distinguir entre la realidad objetiva y el contenido de mis sueños, mantuve una larga conversación humorística con Copilot. Las teorías científicas sobre las endorfinas todavía no explican completamente cómo una sucesión de pavadas cuidadosamente seleccionadas puede mejorar tanto el ánimo de una persona, pero el fenómeno ocurrió.
Milagrosamente.
Contra todo pronóstico.
Y, probablemente, contra varias leyes de la física.
El zombi se convirtió nuevamente en ser humano.
La clase de entrenamiento físico fue completada con éxito.
Terminada la actividad deportiva, aproveché el impulso para ultimar detalles de los anuncios de Asesoría Leandro. Después de analizar distintas alternativas comerciales, tomé una decisión que considero acertada: en lugar de invitar a Daniela a formar una sociedad, la contraté como publicista por $40.000 mensuales para difundir semanalmente los avisos en diversas plataformas de streaming y redes.
De esta forma, Asesoría Leandro obtiene difusión profesional, Daniela recibe un ingreso concreto y, además, colaboro indirectamente con el crecimiento de Transmisión Raíz, el proyecto que desarrolla junto a su verdadera socia desde FM Bamba de La Calera.
Hasta aquí, el día parecía razonablemente productivo.
Pero todavía faltaba el cumpleaños de Lucía.
Por la tarde nos reunimos en Primo para celebrar.
Y cuando digo merienda, debo aclarar que utilizo el término en un sentido muy amplio.
Había buffet libre.
Salado libre.
Dulce libre.
Infusiones libres.
Yogures libres.
Jugos libres.
Creo haber visto a una medialuna firmando un acuerdo de libre circulación internacional.
La celebración transcurrió entre conversaciones, risas y una muy agradable reunión familiar.
Lucía, Alejandra, Georgina y yo compartimos una tarde hermosa en un lugar con una arquitectura particularmente acogedora, grandes ventanales, ladrillo visto y unos espléndidos olivos ornamentales que captaron mi atención.
En un momento me retiré al patio para fumar y me quedé contemplándolos.
Hay árboles que simplemente decoran.
Y hay árboles que invitan a pensar.
Los olivos pertenecen claramente al segundo grupo.
Permanecí observándolos durante varios minutos mientras intentaba resolver asuntos fundamentales para la humanidad como el futuro de la caja de cambios de la Taunus, la naturaleza del tiempo y la cantidad exacta de masas dulces consumidas durante la tarde.
No obtuve respuesta para ninguno de esos interrogantes.
Al regresar a casa, cuando todo indicaba que la jornada concluiría pacíficamente, apareció un nuevo capítulo.
Dolor lumbar.
Importante.
Georgina acudió en mi auxilio farmacológico y suministró Diclofenax.
La situación parecía controlada hasta que, poco después, apareció una molestia compatible con un ganglio inflamado en el lado derecho de la garganta.
Era evidente que el universo no estaba dispuesto a cerrar el día sin una subtrama médica.
Procedí entonces a desplegar el recurso táctico final:
Geniol de un gramo.
Y, para mi sorpresa, el resultado fue notable.
Las lumbares se tranquilizaron.
La garganta se calmó.
El sueño desapareció.
Y la paz retornó a la República Independiente de mi organismo.
Así concluye este martes improbable.
Un día que incluyó zombificación matinal, entrenamiento físico, planificación comercial, difusión radial, cumpleaños familiar, buffet libre, contemplación de olivos, dolor lumbar, ganglios rebeldes y farmacología estratégica.
En resumen:
Fue un día perfectamente normal.
Al menos para un Alippi García. 😄🚗🌿☕🥐🍰
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