Algunas identidades visuales nacen en una reunión de marketing. Otras nacen a lo largo de los años, atravesando etapas, personas e historias de vida. La mía pertenece a este segundo grupo.
Todo comenzó cuando la Lic. en Diseño Lucía Muiño diseñó el mandala que dio origen al símbolo que me acompaña hasta hoy. A partir de aquel trabajo desarrolló también el primer isologotipo vinculado a una etapa muy distinta de mi vida. En aquel entonces la identidad llevaba los apellidos Alippi Serra, reflejando la realidad familiar de aquellos años.
Paralelamente surgió otra creación gráfica importante: el logotipo de Ensueño, el emprendimiento de Ely dedicado a cosmética, fragancias y productos para el hogar. Aquella imagen colorida, femenina y luminosa fue durante mucho tiempo la representación visual de su actividad comercial.
Con el paso de los años llegaron cambios profundos. Tras el divorcio, Lucía volvió a intervenir sobre la identidad gráfica y realizó una modificación sencilla pero significativa: el antiguo Alippi Serra pasó a convertirse en Alippi García, recuperando mi apellido español. El símbolo permaneció intacto. También se mantuvo la tipografía original. Cambió el nombre, pero no la esencia.
Más adelante se incorporó una nueva protagonista a esta historia. Mi sobrina, la Lic. Rocío Pauli Alippi, diseñadora industrial, realizó una intervención cromática sobre el isologotipo. No modificó la estructura ni la tipografía. El cambio fue exclusivamente de color, pero marcó una nueva etapa en la evolución del proyecto.
Por aquellos años yo había adoptado como referencia estética personal los colores blanco y negro inspirados en la sobriedad del hábito trapense. Naturalmente, aquella preferencia terminó trasladándose también a mi identidad visual. El símbolo fue simplificándose hasta alcanzar una expresión monocromática, austera y directa.
Llegó entonces el momento de asumir personalmente el control del diseño. Subí el material a Canva y comencé a trabajar sobre él. Allí apareció una dificultad inesperada: no logré reproducir la tipografía histórica utilizada en las versiones anteriores. Lejos de verlo como un problema, decidí convertirlo en una oportunidad. Elegí una nueva tipografía entre las herramientas disponibles y construí una identidad renovada.
Fue en ese momento cuando nació la denominación definitiva:
Alippi García y Cía. Innovadores.
La marca ya no representaba únicamente un apellido. Expresaba una forma de entender la creatividad, la reconstrucción y la capacidad de transformar las experiencias personales en proyectos nuevos.
Como consecuencia natural de esa evolución surgieron mis actuales tarjetas personales en blanco y negro. Minimalistas, sobrias y coherentes con la estética que había ido construyendo a lo largo del tiempo.
Y la historia terminó cerrando un círculo inesperado.
Años después de haber diseñado para Ely la imagen de Ensueño, fui yo quien creó en Canva sus nuevas tarjetas personales. De alguna manera, las dos trayectorias gráficas volvieron a encontrarse. La identidad visual que había nacido en una etapa compartida siguió su propio camino, se transformó, se adaptó a nuevas circunstancias y terminó dando origen a dos expresiones diferentes, cada una fiel a la persona que representa.
Por eso, cuando observo hoy el símbolo de Alippi García y Cía. Innovadores, no veo solamente un logotipo. Veo el trabajo de Lucía Muiño, la intervención de Rocío Pauli Alippi, las horas de experimentación en Canva, los cambios de la vida, las continuidades y las transformaciones.
Veo una historia.
Y, sobre todo, veo la prueba de que algunas obras nunca están terminadas: evolucionan junto con quienes las llevan adelante.




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